Nueva etapa personal (II). Sobre Gurús financieros y la industria.

Hoy quiero profundizar un poco más mi reflexión que hice al retomar esta nueva etapa en el blog.
En la anterior entrada, os comentaba que ser independiente en esta industria es un suicidio profesional, a las innumerables trabas burocráticas se une un hecho objetivo, la industria del asesoramiento financiero esta basada en economías de escala, por lo que si no tienes los contactos para procurarte una cartera de clientes con muchos millones de euros, tus ingresos van a ser irrisorios. Esto deja en bandeja toda la industria en manos de las grandes entidades financieras del país, que acaparan el 95% del negocio a pesar de sus ridículos resultados y su “asesoramiento” absurdo.


Partiendo de esta base, como he indicado antes, hoy quiero ampliar mi reflexión, creo que esto puede ayudar a entender mi decisión y los motivos que subyacen detrás de ella.

Planteado el terreno de juego que vamos a pisar con los antecedentes descritos, vemos que hay dos maneras de ganarse la vida como “asesor financiero”:

La primera, la tradicional, la que da cierto prestigio social y la que hace casi todo el mundo (y la que quiere tu madre que hagas), es entrar en una de las grandes redes comerciales de la banca, seguros o sociedades de valores. En estas redes, eres un empleado o un agente, en donde dependiendo de la entidad, tendrás un salario, un salario base más primas por objetivos, o directamente simplemente una comisión por los productos comercializados. Eso sí, podrás tener el prestigio social de trabajar en tal banco y tener unas tarjetas de visita bastante resultonas. El problema aquí es que ya puedes ir olvidándote de cualquier atisbo de libertad en tu asesoramiento, tendrás que cumplir unos objetivos a rajatabla y tendrás que comercializar lo que este en campaña. Seguramente tendrás un jefe obsesionado con una hoja de cálculo que abrirá todos los días a ver si los objetivos de colocación del fondo garantizado de turno se están cumpliendo, y que te llamará amablemente para ver cuanto crees que puedes “colocar” esta semana y que le digas “algo” lo más pronto posible. Por supuesto, da igual la evolución del mercado, da igual si al cliente le interesa ese producto, lo que interesa por encima de todo es colocar producto. Ellos lo tienen bien claro, no se trata de que el cliente reciba un buen asesoramiento, se trata de que se cumplan los objetivos económicos de la entidad. No suele ser gente que disfrute aprendiendo e investigando los mercados financieros, se trata de simples comerciales que te venden un fondo garantizado pero que venderían igual una sillas de una industria del mueble. Están en banca e inversiones por el “prestigio social”, por “llevar traje” y porque no decirlo, porque si colocan en su oficina mucho producto, van a ganar un buen salario con sus buenas primas por objetivos.

La segunda manera (hace unos años apenas se veía pero últimamente proliferan) son los denominados gurús financieros de internet. Uso esas palabras, gurús financieros de internet, con toda la intención del mundo. Les llamo gurús porque se dedican a pronosticar, a enviar señales, a decir que esta todo claro, que es sencillo ganar dinero, a dar la imagen de que están “tocados por la gracia divina” para poder adivinar el mercado. Son de internet porque es este el medio que les permite darse publicidad y en donde crean pequeños grupos de seguidores (la mayoría novatos que acaban de aterrizar en este mundo), que acaban comprando sus libros, sus cursos, o en el peor de los casos, abriendo cuentas de forex en donde ellos les indican.
Pronto surgen algunas preguntas, si estos gurús financieros son tan buenos, tan infalibles, ¿que necesidad tienen de vender sus cursos, vender sus libros, etc?. ¿Porqué no son millonarios ya mismo?. ¿Porqué no están en su casa dándose una siesta mientras sus estrategias les siguen aportando dinero de manera constante?. La respuesta es tan obvia, que resulta ridícula tener que decirla: Pues porque no ganan dinero en el mercado, ganan dinero vendiendo su imagen, sus cursos y sus libros.

Este tipo de personaje es muy peligroso, porque si bien la banca tradicional utiliza toda clase de artimañas para llevarte a su corral, su osadía se detiene en algún punto, al fin y al cabo, tienen una marca que proteger. Pero estos gurús financieros no tienen nada que proteger, poco que perder, y suelen acabar haciendo auténticos destrozos patrimoniales a la gente, eso por no decir que muchos directamente son puras estafas.
Les decía que quería reflexionar sobre todo esto para que se entendiera mejor en que momento personal me encuentro, y a ello voy:
Yo he estado en el primer caso, en redes comerciales grandes, y siempre he estado incómodo ante la falta de independencia y el tener que estar pendiente de objetivos comerciales, de hecho, les confieso que nunca los he cumplido. Por ello nunca he ganado mucho dinero asesorando, siempre he pensado que lo mejor para el cliente se anteponía a mi salario, y si el cliente no debía correr riesgos no debería hacerlo por mucha comisión que me diera la colocación de un fondo. Así de simple.

Lógicamente, no seguir las reglas y objetivos marcados de la industria, es tirarse piedras contra tu propio tejado, y la sensación de que esta relación no funcionaba era palpable en ambas partes.
A veces aparece la tentación de irte al “lado oscuro”, en un arrebato de orgullo, de amor propio y porque no de decirlo en busca de cierta aprobación social, te planteas que si tal “gurú financiero” ha montado todo un tinglado en internet y se esta forrando, con todo lo que uno sabe, ¿porqué no hacerlo también?. Al fin y al cabo, seguro que procuraría ser más justo y más ético con los posibles nuevos “clientes”,  y todo ello siendo 100% independiente.

La respuesta a esto es crucial:
“Sólo lo haré cuando tenga claro que mi estrategia funciona, es buena para el cliente y además cuando este bien pagado”.

Puedo estar convencido de la primera parte de la frase, pero lo de bien pagado es dudoso. ¿Voy a asesorar a una persona a cambio de a 10€ en comisiones al mes mientras la entidad paraguas se forra?.  A pesar de lo que se dice, el asesoramiento no esta bien pagado. Bueno, maticemos. Evidentemente si tu asesoramiento no vale para nada, si te dan un 0,3% del patrimonio gestionado considerarás que esta bien pagado. Se trata de ir engañando al cliente el mayor tiempo posible para mantener tu 0,3%. Pero si sabes que tu asesoramiento es bueno, que el cliente va a ganar dinero, ¿lo vendes por un 0,3% sobre patrimonio gestionado mientras sabes que la entidad con la que trabajas se esta llevando el resto y encima te esta poniendo trabas a tu modelo?. No, aquí es donde me planto. Sólo volveré al asesoramiento cuando el modelo sea más justo. Por ejemplo, cuando el cliente sepa que va a pagar una gran cantidad por los beneficios obtenidos, eso sí, evidentemente con la garantía de que si pierde se le reembolse. Todo esto se podría instrumentalizar de manera legal, si se quisiera por parte de nuestras autoridades, pero no interesa, por ello si intentas llevarlo a la práctica es imposible hoy por hoy. El laberinto burocrático es insalvable salvo que tengas una legión de abogados expertos en derecho financiero y contactos directos en la CNMV. Los que queremos ser 100% independientes hoy por hoy nos quedan pocas alternativas.

Volvamos al razonamiento expuesto con anterioridad para descartar otras alternativas, si algo me funciona, ¿lo voy a vender en un libro?, ¿lo voy a enseñar en un curso?. La respuesta es evidente, NO. Simplemente me lo quedo y hago que me de dinero a mi. ¿Es esto egoísmo?. No, es sentido común. Tantos años de esfuerzo no se pueden vender como si fueran kilos de tomate. ¿Significa esto que nunca voy a volver a asesorar a clientes?. Tampoco, no cierro esa puerta, la puerta que cierro es la de vender mi trabajo para que se aprovechen las grandes redes comerciales financieras, y encima sin que me dejen hacer “bien” mi trabajo jugándome mi nombre, por supuesto tampoco quiero convertirme en un vendedor de crecepelos de internet. El trabajo se tiene que hacer con tranquilidad, en mi despacho, poco a poco, invirtiendo en los mercados con mis estrategias y puliéndolas paso a paso, con sentido común. Es precisamente este el camino que he escogido, quizás el más difícil porque se tiene que hacer en el anonimato y la soledad, alejados del prestigio social y sin la seguridad de que el éxito llegue.

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